domingo, 23 de noviembre de 2008

EL MARXISMO EN COLOMBIA: UNA PERSPECTIVA HISTORICA

por Praxis Marxista

“El marxismo en Colombia fue asumido como una
doctrina, no como un método de pensamiento”
Antonia García



El paradigma que ha significado el pensamiento de Marx, que han denominado, bajo distintas intenciones y comprensiones, como marxismo, y la prolija literatura sobre el mismo, ha llegado a marcar de forma contundente la historia del siglo XIX y del XX. Eran épocas de cambios y de grandes procesos, donde hizo aparición una variopinta gama de ideologías y un pensamiento sobre un mundo que veía con furor un proceso revolucionario que hasta el día de hoy no ha parado, como es la industrialización y las distintas repercusiones que se expresaron en el arte, la ciencia, la política, etc. Sin embargo, en aquel momento el tema era tan desbordante que muchos de los que lo vivieron no lograron enmarcarlo y darle la argumentación teórica, solida y original como lo hizo Marx, resumiendo en una palabra, que si bien él no inventó, concreto lo que era: el capitalismo. Termino de amplio uso, o abuso, como el de Neoliberalismo. Un sistema que Marx definió: como modo de producción donde el capital tiene la peculiaridad de inmortalizar su esencia, en la tendencia a convertir todo en mercancía y no tener nación, imprimiéndole un carácter netamente universal. Ahora bien, vale la pena recordar que el capitalismo no tuvo argumentación teórica en aquellos que la defendieron en un principio, por tanto y de forma un tanto paradójica, la critica a éste, en el sentido estricto de la palabra, fue el medio para su consolidación como sistema y proceso histórico.

EL MARXISMO EN COLOMBIA

Gilberto Vieira White, secretario general del Partido Comunista durante 44 años, y una de sus figuras más representativas, argumentaba hace ya 44 años, en una conferencia sobre “Perspectivas de la revolución en Colombia” en la Universidad Libre de Bogotá, que Colombia goza de unas extensas riquezas… desaprovechadas y mal distribuidas, que sumadas a la dependencia de EE.UU., económica y militarmente, casi que absoluta, socavan la sociedad y economía colombiana. Además, la creciente acumulación de tierra y la inexistencia y/o fracaso de una reforma agraria radical, condenan al campesinado a estados misérrimos y al desplazamiento forzado a las ciudades; el sector minero explotado, para ser más precisos aprovechado exclusivamente, casi como un privilegio, por las empresas estadounidenses en la extracción de oro, platino y carbón; y el petróleo vendido a precio de EE.UU. con costos de producción colombianos, así representando un robo ya de por sí no solo ruin, sino descarado. Pero los problemas de su país, no eran los únicos temas de su exposición, también hubo espacio para unas consideraciones sobre las ventajas y procesos positivos a la causa revolucionaria.
Señalo esto con el objetivo, no de hacer una apología a Gilberto, ya que no la necesita, sino con el de mostrar que muchos, por no manifestar que absolutamente todos, los problemas señalados por él en dicha exposición perviven. Ahora bien, esto para presentar una sucinta perspectiva histórica de Colombia y los espacios que la influencia del marxismo, ha llegado a copar en éste. Para la presente ponencia intentara dividir en seis periodos un breve recuento histórico del marxismo en particular, y los movimientos sociales de izquierda en general, sin pretender hacer un análisis exhaustivo del largo siglo XX pasando al día de hoy.

ANTECEDENTES:

En Colombia, la política y las ideas han ido de la mano, y generalmente de la mano de las armas. Esto simplemente, para aclarar que la combinación de las formas de lucha no es algo que hayan implementado solamente las corrientes políticas de izquierda, y más en su figura representativa del marxismo, como pretenden presentar “los historiadores” amigos, por no decir acérrimos defensores, del establecimiento; sino que, como bien lo deja en claro la gran cantidad de conflictos partidistas del siglo XIX, ha sido una práctica de diversas posiciones politicas, siendo matizado ha sido usado tanto por las izquierdas como por las derechas. Ahora bien, no procuramos (confesionario hace referencia al espacio donde se sitúa el sacerdote, no a una persona que tenga la labor de escuchar confesiones), escuchar al marxismo (y a los marxistas) para expiar sus culpas, se trata simplemente de darle su justa y merecida dimensión. Por tanto, vale la pena decir, que en la corta historia de ésta república, 150 años el conflicto armado se ha perpetuado de una manera crónica; años que corresponden a violencias partidistas de diversos matices (ya que el famoso bipartidismo es una interpretación muy vacua y hasta inútil, por no decir falsa), de los cuales sólo 40 años, a los cuales se ha querido reducir el conflicto, tienen como uno de sus actores a las izquierdas influenciadas por el Marxismo.

Es importante señalar que el socialismo, el comunismo y el anarquismo fueron parte del vocabulario político (de forma vaga y cerrada a ciertos espacios intelectuales) a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Labor hecha fundamentalmente por los periódicos de aquel entonces, que constituían uno de los pocos medios escritos para la formación teórica de la época no correspondiente al espacio universitario; resalta el que éstos se limitasen a hacer difusión de las políticas y actividades del socialismo en Europa sin hacer mención exhaustiva de sus debates teóricos, contribuyendo así al desconocimiento, que facilito el menosprecio y estigmatización.
Cabe mencionar que las juventudes y ciertos líderes e intelectuales liberales (como Rafael Uribe y Manuel Madiedo) habían llegado a considerar el socialismo como una alternativa pertinente para la distribución justa de la riqueza, pero no pasaron de expresar su simpatía al mismo. El letargo de lo que se considera la “hegemonía conservadora” se paso sin mayor novedad política e intelectual, mientras el país se recuperaba de la Guerra de los Mil Días y empezaban a emerger las primeras muestras contundentes del capital en el país.

LOS AGITADOS AÑOS 20:

Durante las presidencias de Pedro Nel Ospina y Abadía Méndez empieza una oleada de industrialización, inversión extranjera y urbanización que propiciaron el crecimiento económico, pero a su vez la validez de los argumentos marxistas sobre la explotación capitalista. El sindicalismo había nacido antes, en 1919, y empezó a tomar mayor fuerza y gran actividad sobre todo el sector de los transportes ferroviarios y fluviales. Para esa época la formación intelectual de los lideres de aquellos movimientos seguía siendo bastante escasa; la labor prolífica de la prensa no paso de considerar (el caso de la Revolución Rusa es diciente al respecto) ciertos acontecimientos y procesos internacionales como hitos de las luchas populares, olvidando análisis profundos de la realidad nacional. Ideológicamente, liberalismo radical, catolicismo y socialismo se amalgamaron, creando así en un débil componente teórico, el cual no fue obstáculo para el surgimiento de buenos exponentes hasta la fundación del Partido Socialista Revolucionario (P.S.R.), en 1926, con exponentes de la talla de Torres Giraldo y María Cano. Esta década fue sumamente agitada. Los principios de asociación y organización popular tuvieron un alcance bastante significativo (como en el caso de la famosa huelga de las bananeras, la cual conmemoramos en sus ochenta años), pero no llegaron a formar una consciencia de clase que se lograra articular en un gran movimiento nacional, ya que los regionalismos, el gremialismo, convicciones religiosas, y otra serie de razones impidieron tal proceso.
El marxismo es aprendido escuetamente, pero ahora se le da la validez pertinente, sin embargo la falta de textos (sobre todo fuentes primarias), de inmigración extranjera (de las más débil del continente) y de comunicación con otras regiones de América o Europa, no permitió una entrada impetuosa del mismo en el país, la cual permitiese articular la sólida tradición de debates teóricos (básicamente de escuela de derecho, y no de ciencias sociales, ni mucho menos de filosofía) y la experiencia política de organizaciones de base. Sin más, fue aprovechado hábilmente por el liberalismo, sumado al impacto de la crisis del 29, para sucederse en el poder luego de un desgaste político del conservatismo. Es necesario recordar a Gaitán y su tesis de pregrado, Las Ideas socialistas en Colombia (1924), texto que supuso un primer intento de análisis de la evolución de estas ideas en Colombia y la afirmación y validez de algunas de sus tesis; sin embargo se diluyo en la calificaciones absurdas, largamente encontradas en la literatura de la época, especialmente en la religiosa.





“LA REPUBLICA LIBERAL”, BOGOTAZO Y UNA GUERRA CIVIL NO DECLARADA. GAITAN Y LAUREANO GOMEZ

Hasta este momento (año 1930) la obra de Marx se logro posicionar dentro de la formación política e intelectual de varios políticos de izquierda (con el riesgo de ser anacrónico, o poco pertinente) como bien lo muestra la labor tenue de una prensa nacional, debilitada (Verdad Obrera, Tierra) luego de la división del P.S.R., que dio origen al P.C.C. Para ese momento los movimientos de tendencia socialista seguían siendo una minoría política de poco peso, pero habían logrado posicionarse, como lo demuestra la figura de Ignacio Torres Giraldo, intelectual marxista participe de la fundación del P.C.C. luego de una carrera política por el P.S.R., y escritor de una serie de publicaciones que dan cuenta del uso de la argumentación y las categorías marxianas. Con el P.C.C. se inaugura una fase primordial del marxismo en Colombia. Llevo a cabo una extensa labor de difusión de la literatura marxista, pero con el inconveniente de ser ampliamente influenciado por la actividad y las directrices de la Internacional Comunista, tras haber diseñado las líneas gruesas con y por las cuales se encauzarían las políticas de los partidos comunistas mundiales (evidentemente bajo el patrocinio del estalinismo soviético); de tal manera que la discusión se limitó a un mero ejercicio de aprendizaje. De esta época, proceden varios escritos que dan clara muestra de la aclimatación del marxismo a realidades colombianas, como los de Julio Cuadros Caldas (Comunismo Criollo y liberalismo autóctono, 1937) y la prolija cantidad de ensayos de Luis Eduardo Nieto Arteta profesor de la U. Nacional, uno de los primeros en hacer un esfuerzo sistemático de análisis marxista de la realidad colombiana. Sin embargo, los análisis marxistas de ésta época, tienen el inconveniente de ser profundamente influenciados por el ímpetu del liberalismo considerado como fuerza progresista como bien da cuenta más de un escrito de la época; más donde el liberalismo como pensamiento (entiéndase este liberalismo como una adaptación de varias ideas de corte progresista, no el liberalismo clásico europeo) se apropiaba de las fuerzas de oposición en la figura de Gaitán y sus seguidores, y donde el pensamiento conservador encuentra un brillante y novedoso expositor en Laureano Gómez, politizando el país en un auge de polaridad y bipartidismo que encontró como nunca su lucha en el debate teórico. Se puede afirmar que del año 1930 hasta el Bogotazo, Colombianazo como algunos sugieren para mayor precisión, en 1948, el marxismo quedo relegado teóricamente a apéndice del liberalismo, y políticamente como una fuerza consolidada en el PCC, pero de un alcance escaso en comparación a los partidos tradicionales, tanto en pedagogía e impacto social.

Tras el Bogotazo, fecha tan célebre, al punto de ser considerada por los historiadores como la génesis de la historia nacional, emerge con ímpetu un conflicto armado y social ya presente en el país, pero no tan abiertamente manifiesto hasta aquella tarde y días que sucedieron a la 1 p.m. del 9 de Abril. Conflicto cuyo genérico académico ha llenado tantas páginas: La Violencia. Conflicto que arbitrariamente categorizamos y reducimos en esta ponencia, debido a cuestiones técnicas que hacen difícil la exposición del sin numero de hechos que agrupa, como una guerra civil no declarada. En la cual el liberalismo serviría de principal chivo expiatorio, o agente poseedor de todos los males que afligen a la sociedad como tantos que se han creado a lo largo de la historia de los pueblos, judíos, el islam, el terrorismo, la far, como diría un célebre contemporáneo. Tal como lo demuestra la oleada de actividades represivas, legitimadas en el ético fin de mantener el “orden público” y la “democracia”, incitadas como muy bien sabemos, por los gobiernos de Mariano Ospina Rodríguez (Perez), y sobretodo por Laureano Gómez, en su proyecto constitucional para la república de Colombia, de claro y abierto tinte franquista.
Fruto de éste conflicto serian los movimientos de autodefensa promovidos por directorios liberales en las regiones sur-centro de Colombia, de éstos surgirían las futuras F.A.R.C. en alianza con sectores del P.C.C. que terminaron refugiándose en las montañas. Entre estos intelectuales marxistas que partieron hacia a la montañas a la lucha armada, cabe resaltar la inserción del que sería el principal ideólogo de las FARC por mucho tiempo, Luis Morantes Alias “Jacobo Arenas”; así sin pretender hacer una generalización absurda, podríamos decir que en estos años la actividad del P.C.C. se limito a la clandestinidad y a la publicación de Documentos Políticos que junto con al proselitismo serán los análisis marxistas de Colombia desde procesos de políticos, de la época. Tendencia esta de la clandestinidad acelerada durante el gobierno militar de Rojas Pinilla, en el cual la amnistía a la guerrillas no incluyo a las guerrillas comunistas (además que éstas no vieron garantía alguna de negociación, después de lo sucedido con Guadalupe Salcedo).
También para esta época, por la parte académica, aparece la colosal obra conjunta La Violencia en Colombia, trabajo de los intelectuales más conspicuos y cuyo aporte al trabajo social en Colombia es incomparable, Orlando Fals Borda y Umaña Luna en colaboración de Monseñor Guzmán. Obra que supuso un esfuerzo sistemático de análisis del país, la cual con claros postulados de sociología dieron un panorama bastante amplio que supero una visión marxista de la sociedad, e inauguro una tendencia intelectual a analizar los problemas dentro de un marco de simpatía al socialismo, pero con intenciones de no subordinarse a las directrices políticas y/o teóricas del extranjero.

EL FRENTE NACIONAL, GUERRA FRIA Y NACIMIENTO DE LAS GUERRILLAS

Desde el año 1958 hasta el año 1985, tienen ocasión los acontencimientos que se han recordado dentro de la denominada “época dorada” de los movimientos políticos de reivindicación social que llegaron a posicionar políticamente la izquierda, el socialismo o posturas afines y/o simpatizantes a ésta. Cabe destacar hechos internacionales de tan gran magnitud, La Revolución Cubana y la inserción a la dinámica de la Guerra Fría en América Latina, proceso histórico del cual muchos se han ocupado y del que mucho se ha escrito, creando así un amplio material historiográfico. Este influyo de manera grandiosa, así como pudo en su momento hacerlo la Independencia de los Estados Unidos en la América Española, en las luchas sociales que acaecían por aquel momento en Colombia, excitadas tras el contacto con los discursos radiales o televisados de Ernesto el “Che” Guevara o de Fidel Castro. Al punto que el movimiento estudiantil oscilo entre el Guevarismo y el Stalinismo, con mayor fuerza hacia el primero, debido al ideal de consolidar el “Hombre Nuevo".
En Colombia, al Frente Nacional, o alianza nacional para el Bipartidismo, se opusieron varios movimientos políticos entre los cuales destacan la A.N.A.P.O. y el M.R.L.; dando ya cuenta de una gran aclimatación, o tal vez colombianización, de la argumentación marxista, aunque no se hacía explicita pero si estaba presente, sobretodo en el discurso incendiario de más de uno de su lideres. El estudio del pensamiento marxiano se vio cuestionado por el afloramiento de otras tendencias de izquierda, principalmente del comunismo, particularmente del maoísmo que hacia hincapié en el campesino como sujeto revolucionario, debido a que éste se considero de una argumentación más valida a los problemas del país.

1 comentario:

Nicolas Abad Sabogal dijo...

Está muy bueno el repaso por todos los momentos que ha tenido Colombia en los ultimos 150 años y el desarrollo de cada uno. Lo unico que no va es leerlo en fondo negro con letra blanca...muy incomodo... De resto, severo articulo.